7 abril 2026
Hay artistas que encuentran su lugar dentro de una escena, y hay otras que, casi sin proponérselo, empiezan a transformarla desde adentro.
LILASKY pertenece a este segundo grupo. Su proyecto no responde a una fórmula ni a una tendencia específica; más bien, se construye como un organismo vivo, en constante mutación, donde cada lanzamiento funciona como un registro emocional de un momento específico de su vida.

Ella misma lo describe con claridad: “lo definiría como un universo cambiante y versátil, algo que nunca se queda inmóvil… estoy en un proceso permanente de autoconocimiento, y trato de llevar eso a mi música”.
Ese movimiento continuo no es solo una búsqueda estética, sino también una forma de entender el tiempo y la identidad dentro de su proyecto. En su caso, publicar música no implica fijar una versión definitiva de sí misma, sino todo lo contrario: archivar etapas para poder dejarlas atrás. “A veces siento que lo que voy a sacar representa una versión pasada de mí… cada lanzamiento es como cerrar una etapa y avanzar hacia otra”.
En este contexto, el DIY no aparece como una decisión estilística, sino como una necesidad estructural. LILASKY ha construido su proyecto desde el control creativo total, cuidando cada detalle que lo compone: desde el sonido hasta la identidad visual, pasando por la narrativa y la forma en que se comunica. “Para mí el DIY significa control creativo total… no se trata solo de hacer música, sino de construir un universo completo”.
Este enfoque no está exento de fricciones. Ser una artista independiente implica, en muchos casos, sostener el proyecto en soledad durante largos periodos. Ella misma lo reconoce: “muchas veces sientes que tienes que hacerlo sola hasta que las cosas empiezan a crecer”. Sin embargo, lejos de percibirlo como una limitación, ese proceso termina fortaleciendo una identidad que no depende de validaciones externas.
Esa autonomía cobra aún más peso cuando se sitúa dentro de una escena que sigue estando atravesada por dinámicas de género. Ser mujer dentro de la música —y particularmente dentro de ciertos circuitos electrónicos— continúa implicando una serie de tensiones que no siempre son visibles, pero sí persistentes. “Se siente el rechazo o la sensación de no ser tomada en serio… muchas veces tienes que demostrar el doble para que te tomen en serio”.


En un contexto como el colombiano, donde ciertas estructuras culturales siguen siendo conservadoras, estas fricciones se intensifican. Pero en lugar de adaptarse a lo esperado, LILASKY ha decidido redefinir el lugar desde el que crea. Su música no busca encajar en un canon, sino conectar con quienes encuentran en ella una forma de libertad. “Siento que mi música no es tan fácil de digerir… es más para las chicas, para las raras, para las gays, para la gente que conecta con algo más libre”.
Dentro de ese espacio, la feminidad se manifiesta de una manera que escapa a definiciones tradicionales. No se trata de representar un ideal, sino de habitar una energía. “Nunca sentí que encajara completamente en lo que se espera de una mujer… siento que mi feminidad no es algo que intento explicar, sino algo que simplemente se siente”.
Esa misma ambigüedad —entre lo sensible y lo intenso, lo íntimo y lo performativo— atraviesa su nuevo single, que se presenta como el primer adelanto de su próximo álbum. Más que una ruptura, el track funciona como una puerta de entrada a su universo actual. “Siento que es más una puerta de entrada… representa muy bien esa dualidad que siempre ha estado en mi proyecto: algo hot y tierno al mismo tiempo”.
La canción, además, tiene un valor particular dentro del proceso del álbum. Fue una de las primeras en ser escrita, lo que la convierte en una pieza que conecta directamente con una etapa anterior. “Sentía como un afán de sacarla primero, como una forma de empezar por lo más antiguo y cerrar esa etapa”. Así, el lanzamiento no solo introduce el proyecto, sino que también marca una transición.
En términos sonoros, el single se mueve en un terreno lúdico, casi despreocupado, donde la energía de la fiesta se convierte en un vehículo de expresión personal. “No es una canción seria, es pura diversión… representa una etapa en la que estaba muy conectada con la fiesta, con bailar, con conocerme a mí misma a través de la música y del cuerpo”.
Ese vínculo con la pista de baile no es superficial. Para LILASKY, la fiesta funciona como un espacio de libertad, un lugar donde las identidades pueden expandirse sin restricciones. De ahí que el objetivo del track no sea solo hacer bailar, sino provocar una reacción emocional inmediata. “Me gustaría que la gente sienta felicidad y energía… que sea como un rush que te sube el mood inmediatamente”.
El álbum completo, del cual este single es apenas el inicio, se plantea como una exploración más amplia de esa dualidad que atraviesa todo su trabajo. “Hay canciones que hablan desde el ego y otras desde el corazón… siento que mis emociones han madurado”. Más que un conjunto de tracks, se perfila como una cartografía emocional donde conviven distintas versiones de sí misma.

En paralelo, su mirada sobre la escena también revela una conciencia clara del contexto en el que opera. Más allá de las dificultades individuales, identifica dinámicas colectivas que limitan el crecimiento. “Hace falta creer más en nosotros mismos como escena… y ser más open-mind con los sonidos nuevos”.
En ese sentido, su proyecto no se posiciona únicamente como una propuesta estética, sino como una forma de abrir espacio. No desde la confrontación directa, sino desde la construcción constante de una alternativa.
Este primer single no pretende ofrecer una respuesta definitiva, sino marcar el inicio de un recorrido. Una invitación a entrar en un universo en expansión, donde cada release no solo suma, sino que transforma lo que viene después.
Anterior proyecto de LILASKY.